Expresión e interpretación en improvisación: el cuerpo que habita la escena | LCI
Diego Ingold explora la expresión e interpretación en improvisación: el cuerpo como instrumento, el error como material y descubrir la escena en lugar de solucionarla.
Diego lleva décadas explorando qué significa habitar un personaje en directo, qué hace el cuerpo cuando la palabra no llega todavía, y por qué el error de tu compañero puede ser el mejor material que te han dado en toda la función. En esta charla, hablamos con Diego Ingold, improvisador, actor, artista visual y fundador de OlvíDalo Todo.
En este episodio de Armas para lo Fantástico recorremos el área de expresión e interpretación del mapa de competencias de LCI. No como catálogo de técnicas, sino como filosofía de presencia.
La conversación completa está disponible en Armas para lo Fantástico. Este artículo recoge las ideas centrales.
Cuando alguien llega a la misma conclusión por otro camino
Cualquiera que lleve tiempo en la impro conoce la sensación de alivio que produce encontrar a alguien que plantea una idea básica de la disciplina desde otro punto de vista, con otras palabras, y llega a la misma conclusión que tú. Quienes remamos por esta disciplina no estamos solos. Hay personas que piensan, que investigan, que teorizan sobre por qué hacemos lo que hacemos.
Esa búsqueda de sentido es lo que separa a quien improvisa de quien practica la improvisación. Y es el punto de partida desde el que Diego habla de todo lo demás.
El cuerpo como primer instrumento: neuronas espejo y espacio para el público
Una de las ideas más sólidas de la conversación tiene que ver con lo que ocurre en el sistema nervioso del espectador mientras mira una escena. Diego lo describe con precisión: las neuronas espejo hacen que el cerebro del público esté mandando información para accionar, para emocionarse, para anticipar lo que va a ocurrir. Todo eso sucede antes de que el improvisador abra la boca, o precisamente porque no la abre todavía.
Ahí está la clave: no estamos utilizando la palabra el cien por cien del tiempo. Dejamos espacio para que el público imagine. Ese espacio no está vacío sino que es el lugar donde el espectador entra en la escena, donde co-crea sin subirse al escenario.
El cuerpo, en ese sentido, no es el soporte de la interpretación. Según Ingold, es la interpretación misma. Utilizando el cuerpo el improvisador puede darse un minuto antes de responder a su compañero de escena. "En ese instante es cuando el público puede jugar conmigo, emocionarse conmigo. Y puedo tener tiempo para una respuesta que valga la pena."
Una versión mejorada de nosotros mismos
Diego propone una imagen que en LCI usamos con frecuencia: cuando estamos sobre el escenario no estamos siendo nosotros. Estamos siendo una versión bastante mejorada de nuestra esencia.
Lo que esa versión mejorada hace es escucharse, mirarse a los ojos, tomarse el tiempo y el cuidado para que los errores de los demás aparezcan. Su aparición les otorga el valor suficiente como para que formen el esqueleto de la historia. El error no se esquiva ni se tapa, se convierte en base para construir sobre él.
Eso, visto desde el patio de butacas, produce algo específico. Diego lo formula con una honestidad que sorprende: "me gustaría pensar que lo que estamos haciendo es recordarle al público que su vida puede ser diferente." Que hay gente que les está mostrando que otra posibilidad es posible. Y la condición para que eso funcione es una sola: que el público vea que nosotros estamos disfrutando haciendo lo que hacemos.
La obra total: dirección, actuación y espacio al mismo tiempo
En la improvisación, el mismo cuerpo que actúa también dirige, toma decisiones espaciales y compone la escenografía con lo que tiene a mano. Diego lo describe como una obra total: "somos nosotros mismos sobre el escenario, mezclando todas las artes a la vez."
Eso exige una recolección de instrumentos interiorizados al máximo. Porque cuando estamos en escena no hay tiempo para buscarlos. Tienen que estar ya dentro, disponibles y listos para activarse sin que la cabeza los convoque.
Cómo se interioriza eso es, para Diego, uno de los trabajos más interesantes de la pedagogía de la impro. Su método es diseñar durante el calentamiento situaciones para que el improvisador anticipe exactamente los problemas que van a aparecer en las escenas. Cuando el problema llega, ya existe una metáfora compartida con el grupo para nombrarlo. No hace falta pararse a explicarlo porque el mismo ejercicio ya lo ha hecho.
Qué queremos contar: el lenguaje de compañía
Una de las ideas más afiladas de la conversación tiene que ver con la identidad artística de una compañía de impro. Diego señala algo que pocas veces se dice en voz alta: la gran mayoría de las compañías replican lo que funciona en lugar de decidir qué quieren contar y cómo quieren contarlo.
Su propuesta es más exigente. Cada compañía debería decidir qué lenguaje quiere desarrollar, qué personajes, qué universos, y abrir senderos que lleven al público exactamente donde la propuesta quiere. Transitarlo es suficiente para saber que ninguna otra compañía se va a tomar ese tiempo. Y eso no solo crea un lenguaje común dentro del grupo, sino que genera diversidad real entre las compañías de impro.
Para Diego esa diversidad no es un lujo estético. Es lo que hace que el ecosistema de la disciplina crezca en lugar de girar siempre sobre los mismos ejes.
Descubrir la escena en lugar de solucionar la escena
El cierre conceptual más potente de la conversación es también el más práctico. Diego propone abandonar la pregunta de qué pasa en esta escena y sustituirla por otra: descubrir de qué va esta escena.
La diferencia está en que solucionar implica que hay un problema. Mientras que descubrir la escena supone transitarla y abrir un regalo sin saber todavía qué hay dentro. Para él, esto se descubre más allá de la palabra, porque usar únicamente la palabra puede terminar en dirigir la narrativa a lugares que nos son comunes.
Sin embargo, utilizar el cuerpo, el espacio, el error del compañero, incluso la respiración del público: todo eso es material para nutrir la historia. En este punto, la expresión y la interpretación no son únicamente la capacidad de ejecutar lo que se ha decidido. Es también la capacidad de recibir lo que está pasando y responder desde ahí.
Eso es el oficio para Diego. Y el oficio, cuando está bien hecho, se parece mucho a jugar sin parar.
Escucha la conversación completa
Armas para lo Fantástico con Diego Ingold
Momentos clave de la conversación:
12:52— Neuronas espejo y el espacio que el cuerpo abre al público16:32— El error del compañero como esqueleto de la historia38:08— Qué lenguaje quiere desarrollar tu compañía54:28— Diseñar el calentamiento para anticipar los problemas de la escena01:00:53— La responsabilidad con el público: la sinopsis del show01:20:00— Descubrir de qué va la escena en lugar de solucionar la escena
Si quieres trabajar expresión e interpretación en sala
El área de expresión e interpretación se trabaja en profundidad en los cursos de Impro Juegos y Longform de LCI, donde exploramos el cuerpo como instrumento, la construcción de personajes y las decisiones escénicas en tiempo real.
Para seguir el mapa completo, consulta Armas para lo Fantástico o el mapa de competencias de LCI.