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Presencia escénica en improvisación: estado interno y permiso de ser | LCI

Alan Arias10 de junio de 20263 min de lectura

Berta Monclús explora el estado interno del improvisador: presencia escénica, vulnerabilidad, error como poética y la impro como filosofía de vida.

Hay áreas del mapa de competencias del improvisador que se pueden describir con precisión técnica. Y hay otras que resisten la descripción. El estado interno y la presencia escénica pertenecen a esa segunda categoría: todo el mundo sabe reconocerlas cuando las ve, y casi nadie sabe explicar exactamente cómo se entrenan.

Para explorar este territorio, Armas para lo Fantástico conversa con Berta Monclús, fundadora de Impro Valladolid Teatro y una de las voces más singulares de la improvisación en habla hispana. Singular no solo por su trayectoria artística, sino porque llegó a la impro desde la abogacía, después de años pasándolo fatal cada vez que tenía que ponerse la toga y hablar en sala. Lo que encontró en la impro lo cambió todo.

Este artículo recorre las ideas centrales de esa conversación. El episodio completo está disponible en Armas para lo Fantástico.

El patio del recreo y el permiso: de dónde viene todo

Berta llegó a la improvisación por un papelito que le dejaron al salir de una función. Si quieres aprender a hacer esto, deja tu email. Lo dejó. Le llegó un correo para hacer un taller. Y eso cambió todo.

La primera instructora que tuvo trabajaba con un concepto que Berta ha hecho suyo: el permiso para jugar. Ella lo describe como la mezcla de dos imágenes: el patio del recreo, ese espacio donde sales de clase desfogado y sin juicio, y el permiso explícito de volver a hacer cosas que como adultos hemos olvidado que podemos hacer.

Ese permiso no es un concepto blando. Es la condición que abre posibilidades. Sin ese permiso, el adulto llega al escenario con su nivel habitual de exigencia, de control, de hacerlo perfecto, y la impro le da en la cara.

El error como poética: uno de los pilares fundamentales

Para Berta, uno de los pilares fundamentales de la improvisación es reconciliarse con fracasar. No como resignación, sino como práctica activa.

Su observación es quirúrgica: el error en la impro casi siempre lleva aparejada la comicidad, la risa, y la risa junto a otros que no te juzgan. Esa combinación es, en su palabra, una grieta donde empieza la profundidad. Muchos ejercicios de improvisación están diseñados precisamente para que metas la pata, para que tu cuerpo, poco a poco, mientras se divierte fallando, aprenda a soltar la corrección automática.

Hay un efecto secundario que Berta señala con precisión: el espejo. "Cuando veo lo que hago yo cuando otro falla, cuando la impro me pone ese espejo delante todo el rato, algo en mí se recalibra." Los límites de lo humano se expanden y la benevolencia que deseo para mis propios errores empieza a aparecer también hacia los de los demás.

Esto conecta directamente con algo que en LCI vemos en los talleres constantemente: la persona que más se exige a sí misma es también la que menos tolerancia tiene para el error ajeno. La impro trabaja los dos lados a la vez.

Su tesis de fondo: asumir el riesgo al error es una poética de la improvisación. No un accidente que hay que minimizar, sino el material mismo con el que se trabaja.

Soft skills, inteligencia emocional y el cuerpo que no miente

En el otro lado de la inteligencia artificial está la inteligencia emocional. Berta lo dice sin rodeos, y en LCI lo compartimos como principio.

La improvisación refuerza lo que ella llama soft skills: reacciones espontáneas del cuerpo humano que no se pueden impostar. No hay forma de fingir una escucha real, una presencia genuina o una reacción auténtica ante lo inesperado. El cuerpo lo dice antes que la cabeza lo procese.

Pero Berta añade algo que matiza la idea de libertad total: ella es muy rigurosa con la técnica. Cuando se improvisa en grupo, todos tienen que conocer las reglas del juego. La libertad no viene antes de la técnica, viene después. El camino es dominar lo técnico hasta que no le prestas atención porque ya está interiorizado.

Vulnerabilidad: la línea fina entre la improvisadora y sus personajes

Uno de los conceptos que Berta trabaja con más profundidad es el de la vulnerabilidad. Y su definición no es la habitual.

Para ella, vulnerabilidad no es exposición ni debilidad. Es el permiso de ser con todo lo que tenemos y de que eso se vea en la ficción.

La improvisación es, en su visión, el único arte escénico que permite que la verdad y la ficción estén de la mano al mismo tiempo. Entre la improvisadora y los personajes que hace, la línea es muy fina: esos personajes están nutridos por su instinto, por sus tripas y por su mochila. Los textos que brotan tienen que ver con quién ella es, a favor o en contra, pero hay algo de lo que hace que conecta con quién es de verdad.

No se trata de hacer como que es verdad. Se trata de que pase de verdad. Berta lo formula así: "Tú traes lo que te ha pasado fuera antes de entrar al teatro." No hay separación real entre la persona y el personaje, solo distintos grados de conciencia sobre esa permeabilidad.

Esa organicidad es precisamente lo que conecta con el público. Lo imperfecto, lo construido en directo, lo que podría salir mal… Eso es lo que hace que alguien en el patio de butacas se incline hacia adelante.

Presencia escénica: un cuerpo que ha hecho trabajo

En el área de presencia escénica, Berta aporta una perspectiva que raramente aparece en los manuales: la presencia no es solo técnica. Es consecuencia.

Hay cuerpos que per se tienen presencia. Que han hecho trabajo de autoconocimiento y de permiso de ser. Personas muy conscientes de sí mismas.

La presencia, en su visión, no se entrena directamente. Es el resultado de todo lo anterior. Cuando alguien trabaja su estado interno, cuando se reconcilia con el error, la presencia aparece como consecuencia. Es lo visible de un trabajo que se hace por dentro.

Esto conecta de forma directa con uno de los aprendizajes que más señalamos en LCI: la presencia escénica viaja. Lo que se desarrolla en los talleres aparece al entrar en el autobús, al hacer una entrevista de trabajo, al dar una presentación. No porque se haya practicado "hablar en público", sino porque el cuerpo ha aprendido a estar.

Lo popular sagrado: la impro como tejido social

Berta lleva años trabajando en un proyecto que ilustra todo lo que la impro puede ser cuando sale del circuito habitual. Junto al Teatro Calderón de Valladolid desarrolla Del Teatro al Aula y Del Aula al Teatro: un programa que lleva la improvisación a nueve centros escolares, en horario escolar, con doscientos chavales.

Lo que ese proyecto le ha enseñado es que la impro hace que lo popular sea sagrado. Que todo el mundo se considere digno de estar en un teatro. Que la gente de la ciudad habite el Calderón como si le perteneciera, porque en cierto modo le pertenece.

Esa dimensión social no es secundaria para ella. Es parte de la responsabilidad de quienes hacemos esto: defender a capa y espada que la improvisación es una cosa necesaria para todo el entramado y el tejido cultural.

La impro como filosofía de adaptación

Hay una idea que recorre toda la conversación con Berta: la impro como entrenamiento para adaptarse a lo que la vida trae sin emitir una resistencia paralizante.

Lo dice así: "Te das cuenta entrenando que no te queda otra. La vida tiene sus propios mecanismos. O te adaptas o vas a estar muy enfadado porque las cosas no van a salir como tú quieres." La impro es, en ese sentido, una práctica de desapego: de lo propio, de lo único, de la identidad fija.

Una forma que se adquiere de vísceras propias, de textos construidos sin tiempo para estudiarlos, de personajes que emergen desde el instinto. Esa es la honestidad y la autenticidad que la impro exige y entrena. No juzgar lo que aflora. Confiar en lo que surge.

Es lo que Berta llama reconciliarse con el eterno aprendiz. Que de eso va la vida: "estamos aquí para estar aprendiendo cosas nuevas todo el rato." Y no saber hacerlo, todavía, no es un defecto. Es el punto de partida.


Escucha la conversación completa

Armas para lo Fantástico con Berta Monclús

Momentos clave de la conversación:

  • 01:08 — Cómo llegó Berta a la impro desde la abogacía
  • 05:19 — El error como pilar fundamental: la grieta donde empieza la profundidad
  • 14:22 — Vulnerabilidad: el permiso de ser con todo lo que tenemos
  • 17:45 — La verdad y la organicidad que conecta con el público
  • 05:51 (S2) — Lo popular sagrado: desacralizar los teatros
  • 31:25 (S2) — Presencia escénica como consecuencia del trabajo interno

Si quieres trabajar tu estado interno en sala

El área de estado interno y presencia escénica es uno de los ejes del curso de Impro Iniciación de LCI, donde trabajamos el permiso de ser, la gestión del error y los mecanismos internos que se activan al subirse al escenario.

Para explorar las demás áreas del mapa, sigue la serie completa de Armas para lo Fantástico o consulta el mapa de competencias de LCI.

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